jueves, 14 de febrero de 2013

Mi encuentro con Eros

Hoy desperté con un amargo sabor en la boca, la cabeza me dolía como si un grupo de aficionados a la batucada diera un concierto solo para mis neuronas. Por si fuera poco la memoria de la que tanto me envanezco me recordó que era catorce de Febrero.
No es que me consuma hasta matarme el deseo de tener novio. tampoco por las burlas y pullas que todos se todos se empeñan en lanzar desde días antes.
O tal vez si.
En fin, decidí que este año tendría todo eso que tienen otras compañeras del grado, en el instituto a donde asisto es decir: flores, chocolates, corazones rojos, globos y más. Por supuesto todo lo anterior aderezado con profusión de lazos, encajes, tarjetas y otras cosas que dicen que el amor ha llegado para quedarse...

Por lo menos durante ese día.
Pero no…
Al idiota de Carlos, a quien con tanto cuidado y esmero le envié las señales adecuadas para que su obtusa y pequeña mente comprendiera que YO lo deseaba, mismo de quien logre arrancar la incomoda y trillada pregunta “quieres ser mi novia”... tan solo hace una semana-(pausa dramática)-me abandonó la noche anterior para regresar con Carla, la boba de la sonrisa torcida y ojitos porcinos, que había sido su novia durante los tres últimos años.
El muy… idiota, me tomó de las manos y miró a los ojos…
Yo pensé mmm: tal vez y me invité a cenar.
Confieso que me conformaba con un hot dog, unos panchos o algo del carrito de bocadillos que vende a las puertas de la escuela, es propiedad de un extraño tipo que se hace llamar pelofino.
Pero no, oh decepción.
El imbecil me dijo que Yo era una gran chica, pero que sólo le agradaba como amiga…
Se supone que eso era mi parlamento para después del 14
¡Amigos¡ Como si alguna vez el hombre hubiera tenido una sola amiga que no estuviera directamente emparentada.
En pocas palabras Carlos le dio al trate a mi plan perfecto para pasar la noche del catorce.
En fin...
Para no hacer largo el cuento me acosté a dormir, no sin antes haber insultado a Eros (o Cupido como le gusta llamarlo a mi maestro de latín) con toda clase de epítetos altisonantes, algunos de los cuales eran de mi propia invención.
A las doce y media de la noche yacía profundamente molesta en mi cama. Totalmente mortificada ademas por mi falta de llanto y es que deseaba -cual heroína trágica- mojar la almohada con mis lágrimas como es tradición en estos casos.
Pero por más que lo intentaba no ocurrió.
Ni siquiera cuando pensé que mi hermana mayor siempre tenía más permisos para salir o que ella escogía la mejor ropa y nunca me la prestaba.
Fue inútil, no ocurrió nada y esa noche me dormí sin novio y sin llanto.
Al despertar y mientras cavilaba en todo esto, (con dolor de cabeza y boca amarga) llegue a la conclusión de que si me dormía otras 24 horas más el día pasaría con el mínimo de dolor y sufrimiento para mi ego. Así que simplemente me cubrí la cara con la sabana y trate de soñar nuevamente.
-¿No pensaras quedarte en cama todo el día?- Me preguntó una voz que se parecía a la de Bratt Pitt en Troya: profunda, grave en pocas palabras sexy.
Lentamente baje la sabana, centímetro a centímetro y ahí estaba.
Eros o cupido cubierto apenas por un muy pequeño pedazo de tela alrededor de sus afiladas caderas.
Déjenme decirles que no es en vano un dios griego. Tenía un cuerpo perfecto sin un gramo de grasa, sus músculos no eran voluminosos pero si desarrollados y perfectos. Su piel de un suave color dorado tan hermoso que solo verlo hace que a una le den ganas de encontrar Psique y golpearla por llevarse ese premio. Sus rasgos faciales eran tan hermosos que cuando desviaba la mirada y la regresaba de nuevo me dejaba sin habla. Largos cabellos negros media noche y misteriosos ojos oscuros.
Nada que ver con esos sonrosados y rubios que anuncian toda clase de cosas, desde dulces a teléfonos celulares.
-Quería conocerte en persona- dijo mientras caminaba por mi cuarto como si fuera el suyo y la hacerlo levantaba mi ropa regada por todos lados como si fuera mi abuelita.
-Veras- continúo con esa voz que era capaz de hacerme cosquillas en la piel. –Ayer cuando llegue al Olimpo me tope con la sorpresa de que en mi mail había mucha correspondencia, eso es natural. Lo que no lo es era la gran cantidad de quejas e insultos que me dirigiste. Había cerca de mil millones de quejas contra mi, mientras revisaba una fue retirada y quedaron novecientas noventa y nueve mil y todas eran tuyas.
Aparentemente te quejabas de que el “amor de tu vida” te dejó a noche y me culpas a mí. Aun cuando no sabía si sentirte triste o aliviada. ¿Crees que mi tarea es fácil? Me gustaría verte en mis alas solo por cinco minutos para ver si lo haces mejor y si te parece que es cómodo hacerlo. Tienes apenas 16 años y te quejas de no tener novio para ese día como si de eso se tratara. No- prosiguió mientras se sentaba en mi cama y me miraba con esos maravillosos ojos oscuros –El día del amor no solo trata de novios y corazones si n o del verdadero amor, no solo el carnal que represento sino el de verdad ese que sientes por tus padres o tus hermanas, tus amigas. No te importe si Carla tiene novio o que otras lo tengan. Tienes lo principal para celebrar esta fecha y eso es Amor
Y al decir eso la última r se alargo hasta parecerse al sonido de mi despertador.
El sabor amargo de la boca se me quito, mi cabeza dejo de doler y me levante dispuesta a celebrar este día con mis amigas Carina y Bibi, y celebrar el amor y la amistad todos los días.
En especial cuando Eros luce así.

Malena Cid